Será cierto?
12 Mayo, 2008 por blogcarlostrapero
Dice mi amiga Elena que puede que, de repente, me haya hecho mayor, haya madurado y en definitiva, que haya crecido ya de una p… vez ( a pesar de mis 25 añazos). No lo dice porque me encuentre mayor en aspecto, sino porque ha oido algo que pensaba no oir jamás dicho por mi.
En definitiva, creo, hay heridas que no es que tarden en cicatrizar, sino que dejan secuelas de por vida, difíciles de asimilar y superar.
Mi última experiencia, digamos, amorosa (de la que aún no me he atrevido a hablar aquí… ya habrá tiempo), parece ser que me ha parado los pies un poco y ha borrado esa chispa de la que tanto, aunque fuera de manera solitaria, me he enorgullecido y sentido, con matices claro, único o diferente. (esto daría para otro post más)
El sábado por fin quedé con Sofia. Es una chica maravillosa, muy guapa y desde luego parece tener los pies sobre la tierra, no es que la compare con nadie, pero tiene la vida bastante bien planteada y no llama la atención, como otras personas, por aspectos extrafalarios o, simplemente, llamativos. Para que mentir, me gusta, me gusta mucho… eso no me lo escondo ni a mi mismo, aunque sepa que eso significa lanzar montaña abajo una bola de nieve que rodando llegará más grande de lo que empezó siendo.
Tengo ese defecto del que no puedo desprenderme y esto mismo que acabo de comentar se lo he dicho a mi amiga Elena… pero, escuchándome, me he visto otra vez en la misma situación que otras tantas veces he vivido. El estado de incertidumbre. El montaje de una película que luego acaba existiendo tan solo en esta loca cabeza que me ha tocado. Sé que soy así, pero hoy, ésta mañana, por primera vez en mi vida (y prometo que así es), cuando intentaba convencerme a mi mismo convenciendo a Elena de lo bien y a gusto que estuve el sábado en compañía de Sofia y de que merecería la pena intentarlo… he visto que no aprendo y que quizás estaría bien tener miedo por una vez en la vida y frenarme, estarme quieto.
Desconozco, pues como siempre, lo que Sofia pueda sentir por mi. Es encantadora y yo no seré más que uno del montón, de los que se ha quedado alucinado por su manera de sonreir. Es algo en lo que siempre me fijo y casi diría que es uno de los principales motivos por los que una chica me pueda gustar. Me encantaría que mi pareja fuera capaz de regalarme, de manera completamente arbitraria y sin quererlo, una de estas sonrisas que te vienen a decir que justamente ahí al lado tienes algo por lo que ésta vida merece la pena.
Tan solo se trata de una ex-compañera de trabajo a la que en su último día escribí un mail declarándole mi más sincera admiración. La dije de su sonrisa lo que aquí acabo de decir, que es una de esas que devuelve la vida. Por entonces ella pasaba por el final de una tormentosa relación de muchos años que llevaba ya tiempo sin ir a ninguna parte. También esto, peligrosamente, me suena… aunque creo que es algo que se dará siempre pues hasta encontrar lo que cada uno nos merecemos, antes tendremos que haber pasado por auténticas travesías por el desierto (creo)
Me contestó a ese mail, proponiendo que intercambiáramos nuestros números de teléfono y nuestros e-mails. Tal y como ella quiso aquel día, no hemos perdido el contacto y a pesar de haber habido épocas mejores y peores, ahí seguimos y por fin quedamos.
Ella ya terminó aquella relación, pasó por otra breve historia con un chico que parecía querer más pero luego se vino atrás (me suena) y ahora, tal y como yo la dije casi con las mismas palabras, a riesgo de parecer masoca, desea encontrar a esa persona especial con la que compartir sus cosas.
¿Puedo ser yo? No tengo ni idea. Solo sé que, será porque estoy mayor o no sé, no me encuentro con fuerzas para poder dar respuesta a esa pregunta.
Al final el que es de una forma lo es quiera o no, se haga mayor o vuelva a nacer. Prometo que no lo he forzado y he intentado que se parara el rodaje de esa película que ya advertí solo existiría en mi loca cabeza. Lo he hecho… pero a pesar de eso he pensado en ella y me he acordado del sábado, de las lineas de su cara, de sus ojos, de su sonrisa, de su tacto, de los roces no sé si casuales o buscados… voy p’allá! Me la daré pero, ¡tengo que hacerlo!