Tengo un colega (o amigo… o borracho de alquiler para las noches de los fines de semana… o… bueno, que me lo aclare él el próximo día), un impresentable de la vida vamos!, como otros tantos, como uno mismo… un sinvergüenza que ha venido hasta ésta mi casa, mi blog, que ha entrado sin llamar y que ha tenido los “santos cojones” de soltarme una parrafada filosófica, con toda su cara, y que creo que pretende darme algunas lecciones sobre la vida, de manera completamente altruista, gratuitamente… porque me ve completamente desorientado, fuera de mi sitio… perdido.
Lo jodido, queridos fervientes seguidores de la traperología, es que el muy cabrón lleva razón. ¡¡La madre que me parió!!
Es así, hasta los más grandes como vuestro querido y pocamente, creo, idolatrado Doctor Charli han de agachar la cabeza y asentir porque les han dado donde más les duele. A veces unas palabras bien trenzadas y dichas de la manera correcta en el momento oportuno, duelen más que una patada en toda la entrepierna. Supongo que él lo definiría como una lección de humildad… pero supongo, y espero que me perdona por tomarme la licencia de creerme en su lado inquisidor, que tan solo es un favor de alguién que ha pasado por donde yo lo estoy haciendo ahora… o que ve las cosas como yo, en el fondo, también las veo.
Soy de la teoría de que ninguna vida es igual a otra simplemente porque como todos sabemos ninguna persona es igual a otra. Bendito regalo y doloroso castigo.
Este personaje me ha pedido que no publique el mail que me ha mandado y tengo que decir en honor a la verdad que me ha costado no hacer un copia y pega. Al leerlo ha sido como si a alguién que está haciendo trampas en una partida de cartas, le descubren en plena faena delante de todo un salón de juegos. Yo era quien estaba haciendo trampas. Estaba engañando a mucha gente, pero sobretodo, me estaba engañando a mi mismo… y ha venido este desgraciado y me ha dejado con todas las vergüenzas al aire.
¿Qué hacer? Pues normalmente para hacerme el gracioso diría aquella frase de “cuando alguien lleva razón… hay que quitársela” Pero no, en este caso no. ¿Por qué? Pues porque lleva mucha razón y porque me conviene hacerle un poco de caso… hemos caido en la casilla de la cárcel y como no espabilemos nos vamos a pasar allí más de dos reos sin tirar.
Paso a citar, con su permiso, algunas frases del mail en cuestión. Siento si al hacerlo así, citando por partes que eliminan la parte de discurso y dificultan su comprensión, la gente se pierde…
Supongo que como en mi caso, quien se halle en este desierto manchego repleto de molinos con los que se haya empecinado en luchar, entenderá perfectamente estas palabras, a pesar de lo advertido antes.
Era un hecho que siempre achacaba a mi mala suerte o a fuerzas externas y malvadas cuyo único propósito eran amargarme la existencia. Mi primera reacción, fue iniciar una persecución contra todo lo que iba contra mi y mis principios. Sin embargo, hubo un día que reflexioné y me di cuenta que no podía reencarnarme en Tomas de Torquemada y liderar un proceso inquisidor contra la sociedad en general, porque lo que realmente me amargaba era estar pensando en lo mismo constantemente y porque nadie iba a acompañarme en ese duro camino.
Con el tiempo me di cuenta que los valores judío-cristianos en los que había sido educado, la amistad, el compañerismo…..nos los tiene en cuenta nadie.
El día que liberé mi mente de todos estos pensamientos llenos de rencor, no me convertí en el campeón de los juegos de mesa, pero si en una persona mas feliz por que ya no juego a la oca y de vez que cuando gano alguna partida de parchís.
Pues si, lleva más razón que un Santo… él sabe porqué y yo también lo sé. Desde aquí le doy las gracias. Creo que ya sabe que soy algo cabezón y que estas cosas tampoco es que se arreglen de la noche a la mañana, pero lo intentaré.
Hay que seguir tocando y tocando, quien sabe si un día de estos al balón le da por entrar en la portería y marcamos un gol. Eso si, como siempre te digo, ten cuidado y tampoco te pongas en plan “me inmolo a la primera” que eso estresa nen.
Un abrazo.
Nos sentimos invencibles en nuestro pequeño interior. Pero desde fuera todos atisvan nuestras muchas debilidades. El amor suele ser un sentimiento tan intenso que recuperarse de ese trance puede convertirse en una gran batalla. De lo que no nos damos cuenta cuando intentamos superar nuestros pesares es que las ocas también tienen corazón y jugar a caer de una en otra, puede hacerles sentir el mismo dolor que nosotros intentamos aplacar.